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per BERNABÉ BEN H'AROPSAID

(Desde la oración)

1• La realidad, a la que se abre todo nuestro ser con mucho sentir, demasiado desear y vanidosa inteligencia -que nos rodea y nos empapa como a una esponja-, no es más que un "hilo de la vida". Una inmensa caracola, a la que llamamos mundo: un lugar donde sale la luna y se pone el sol.

Así de simple, tan fácil de decir y tan difícil de comprender: la encarnación de Cristo en la historia tiene esa misma sencillez abrumadora

San Francisco fue pobre por opción. El amor no retiene, da. El amor es "devenir en otro". Todo lo que tenía lo daba: su sentir, su pensar y su mismo desear. El quería imitar. Renunció a vivir como suyo su ser entero. Y habló, entonces, con las alondras; cuando sus sentimientos fueron "piel de caracola". Y dijo, entonces, pasa y reconfortate con mi cuerpo, hermano frío; cuando su voluntad fue "eco marino". Y mendigó, entonces, diciendo, tengo hambre hermano leproso -y ¡le besó!-; cuando su inteligencia era toda "luz de caracola". Se dió la vuelta a sí mismo, como un calcetín, con tal radicalidad que las entrañas se le volvieron "extraños" y los extraños "entrañas". Fue persona,transformando su intimidad en extimidad de Dios y la intimidad de Dios en su extimidad.

Así de simple, tan fácil de decir y tan difícil de comprender: la encarnación de Cristo en la historia tiene esa misma sencillez abrumadora

San Francisco es desconcertante; no pidió la luna, ni se propuso alcanzarla, no idolatró a las criaturas, las quiso. Se lanzó sin reservas, con todas sus humanas fuerzas, rasgando el velo de la caracola, convencido de encontrarse en el regazo de Dios, con los ojos de Dios, en los labios de Dios, con el alma de Dios. Y lo hizo con tal furia que se transfiguró, se deiformó en Cristo.

Así de simple, tan fácil de decir y tan difícil de comprender: la encarnación de Cristo en la historia tiene esa misma sencillez abrumadora



(Desde el siglo)

2. "Desde el Rey de la creación hasta la Creación del rey". Así podríamos resumir o titular el extraño viaje de nuestro sueño antropológico. En la actualidad -esto parece-, se asume, se acepta y, casi me atrevería a decir, se goza del gran descubrimiento de nuestra antropología filosófica: la excentricidad del ser humano. Hallazgo curioso que, ya se trate de antihumanismos o humanismos, "quema" en las "mentes" de sus descubridores y les obliga a formulaciones "argonáuticas",que, cayendo en la cuenta o no, ya navegan, desde siempre, dentro del vientre del "monstruo de la paradoja".

Esta excentricidad la fundan en la intimidad del ser humano; que, como si de un espacio vectorial se tratara, la definen con el vector "mío". "Mi" intimidad, como si fuera un globo, gana su forma con "mis" cosas de ahí fuera, con "mis" experiencias de aquí dentro. Conjungándose con tanta desenvoltura, que "mis cosas" son experiencias y "mis experiencias" cosas. Y no se trata de un juego de palabras, sino, de algo mucho más serio, de una forma de vida: de un modo de vivirla y de entenderla.

(Si me lo permiten) Entre el interiorista y el toxicómano experto en elegir sus sueños, no hay más que una ligera diferencia de sentido , que no de dirección. La vida del ser humano se desliza por una línea muy afín, al discurrir entre el elegir qué y cómo tener (la casa, p.e.) y escoger o decidir la experiencia que le venga de gusto. Y, en ambas situaciones, no es necesariamente más importante e imprescindible la realidad que la virtualidad, lo personal que lo funcional. Mientras que la persona exige realización y la realidad exploración, siendo inviables sin comunicación. La funcionalidad y la virtualidad necesitan solamente de diestra manipulación y una buena conexión. El individuo, funcional y virtual, construye un mundo a su medida, pero como tiene cierta tendencia a sufrir de obesidad, tiene que aumentar constantemente de talla. El ser humano, personal y real, en cambio, busca la medida de su mundo.

Nuestro pragmático individulista, -funcionalista y virtual- dispone,no se vaya a pensar lo contrario, de una ética de la responsabilidad y de una moral del bienestar, no exentas de curiosas peculiaridades, puestas al servicio de una buena "digestión". Es importante, para él, casi elevándolo a la categoría de arte, el saber evitar el "atracón", el "full file", el "overbooking"; el reconocer, por obvio, que una borrachera de tedio es lo mejor que nos puede pasar tras una borrachera de ilusión. Y muy sensatamente concluir que no hay más vida ni mejor que ésta. Por otro lado, no concede demasiada atención a la posibilidad de perdernos y a qué perdemos, por "teatralización", en y por los mundos que fabricamos. Tampoco se entretiene mucho a explicarnos el porqué la viabilidad de sus "buenas costumbres" coincide con una imprescindible y excluyente "normalidad económica", de la que tienes que participar si quieres tener dignidades y derechos.

Nuestro excéntrico individualista deviene rey; y el mundo, creación del rey. Su credo: la seguridad, la invulnerabilidad, la sensualidad. Su moral: el fatalismo, la pasividad, el olvido. Desarrolla y aprende a aplicar una nueva operación constituyente de su fagocitante intimidad: la función intolerancia. Ignoro si tiene o no alguna relación con la denominada "intolerancia a la lactosa" - pero no puedo evitar la asociación, es superior a mí-,habitual entre los lactantes, y que el tiempo y los buenos cuidados consiguen superar su tierna inmadurez digestiva.

(Volviendo a un lenguaje más severo y más propio). El dominio de la intolerancia es el dominio de límite, formado por: el dolor , el cuerpo, la muerte. Cuando actúan inquiescientemente sobre "nuestra creación", procesan automáticamente o fatalidad o conformismo u olvido (o todo a la vez, -que también le gusta). Y viene a dar , si hace o no hace, el siguiente resultado: "si no puedes jugar, mira; y si no puedes mirar, vete". Pero se trata de un "vete" cariñoso, sin contacto: incoloro, inodoro e insípido. El molesto y foráneo límite queda cubierto por un velo de indiferencia e invisibilidad. Y nos olvidamos felizmente -y finalmente- de los que no saben o no pueden jugar, de los pobres, de los enfermos,de los ausentes, de los que nunca estarán en el terreno de juego. Y es así cómo esta prodigiosa función nos conserva en una mostrenca inmadurez orgánica, patológicamente inmune y psicológicamente tiernos, durante toda nuestra vida.

La inquietud, la incertidumbre, la debilidad, en definitiva: la angustia, quedan expulsadas del reino. Todo aquello que, con sus señales, nos recuerda o sugiere o nos testimonia que no somos medida, sino medidos; que existe otra realidad fuera y más allá de nosotros y que actúa sobre nosotros, es excluido de la creación del rey y estigmatizado quien dé signos evidentes de estar tocado por cualquier forma de vulnerabilidad.

Después de veinte siglos y a un paso del jubileo, el rey no sólo no ha abdicado, sino que confundiendo su condición de "animal fantástico" con su constitutiva excentricidad, está logrando reinar sin oposición ni enemigos, sin futuro ni hijos. ¡Dios quiera, que no muera de soledad, asfixiado por el pesado olvido del pasado, que llamamos tedio!

Nuestro padre Francisco -muchísimo antes que Nietzsche enloqueciera, quizás por vislumbrar la soledad de la bestia- sin pretender ser original, sino, por el contrario, queriendo imitar la vida de Cristo de los Evangelios,mostró que el sufrimiento no juzga a la vida. Optó fraternalmente por la pobreza, la vulnerabilidad y la muerte. Vivió y fue hermano de toda criatura, porque entendió que él también lo era. Y que el ser humano, como cualquier otra criatura, no puede ni debe trascender esta humilde condición. Hizo suyo "un lugar sin lugar", insoportable para el sentido común actual, pero que resuelve la paradoja de la excentricidad, mostrando su genuina naturaleza "teologal". Cuando el ser humano se reconoce como criatura, no puede evitar , entonces, que en la creación transparezca el rostro de Dios -o del Otro, o como se le quiera llamar-, lo cierto es que fenomenológicamente es así., para todos: para el ateo, el creyente, el agnóstico y el "replicante de Blade Runner".Y que de alguna manera el ser humano, por este reconocimiento, se ve impelido a respetarse a si mismo y a comunicarse con toda la creación. Ser, Estar y Entrar en comunión con todo es lo que hizo realidad y posible San Francisco, siguiendo a un carpintero.

Nos puede resultar algo excéntrica y graciosa la decisión de Francisco. Abandonar el "buen juicio" del siglo y adoptar la gratuidad, como estado de ánimo, como pasión de vivir, como sentimiento angular y fundamental desde donde realizó su vida y exploró la realidad. ¿Qué vida? Renunciar a su corona. Abdicar. Rehusar a las posibilidades de ser "animal fantástico". El deja todo, vende todo, se queda con nada y se fue a vivir a la morada que mide -la cueva. En su interior aprendió la Palabra, que no guardó para sí: se comunicó, predicó y fundó. Y supo también guardar silencio, como lo hizo el carpintero. Si el rey no quiere que le pase nada que él no quiera. San Francisco, por el contrario, quería que le pasase todo, incluso lo que él no quería: Hermana Muerte, Hermana Calamidad, Hermano Sufrimiento. ¿Qué realidad nos mostró? La dimensión personal de todas las cosas, los animales y las plantas. La realidad personal de toda la creación como el lugar que mana misericordia, bienaventuranza y gracia; como el monte en el que tienen morada la fe, la esperanza y la caridad. Y, ¿cómo lo hizo? Optando por la pobreza. Una pobreza absoluta, violenta y mortal hasta el extremo. Hasta el extremo de la cristificación: testimonio de vulnerabilidad que culmina en la enfermedad y en el Cántico de las criaturas.

San Francisco nos permite ver la realidad del Reino de Dios, en el misterio personal de la creación, y su acceso para el ser humano mediante la pobreza , las bienaventuranzas y la liberación del juicio. Sacando a la luz la crudeza de la paradoja: por nuestro pan de cada día, hacia no sólo de pan vivimos. Liberarnos del Mal que juzga, hacia un Bien sin juicio. Construyendo un Reino que no reina. Y trascendiendo este mundo,comprometiéndonos más en él.
(Desde el silencio)

3. "¿El hermano Francisco se paró en Auschwitz?"

_Yo lo vi entrar, solo entrar y una vez. Todos se agrupaban en torno a él. Su vagón fue gaseado de inmediato; apenas llegar: niños, viejos, mujeres y hombres. A él lo dejaron mirando y postrado. No bajó la mirada ni un sólo instante, cogía tierra con sus manos la besaba, la soplaba. Hasta él tenían que llegar los chillidos y lamentos de dolor y desesperación de la gente. Yo lo veía desde lejos, a media distancia, no podía distiguir su rostro pero si adivinarlo. Después se lo llevaron y ya no lo vi más. Y lo que oí, ya fueron historias: unas decían que andaba por ahí como una sombra y que quién se tropezaba con ella le pasaban cosas buenas. Otras decían, que lo habían convertido en un nazi; que le lavaron el alma y se la llenaron de una nueva. Y que, desde entonces, era uno de los guardianes más crueles que se habían conocido en el campo. ¡Ya ves tú, qué cosas!
_¿Qué quieres decir?
_Nada, a nosotros sólo nos gasearon.
_¡Sí, hombre! ¡Sólo nos gasearon! Después de-de, de-de, de-de,...y sí, al final,¡sólo nos gasearon!
_Ya, pero aquí estamos.
_Pues sí, ¡aquí estamos!
_A él, en cambio, se lo llevaron y en aquellos sitios, tú sabes, eran terribles y...¡qué se yo! Que puedan convertir a un santo en demonio, ¿qué demuestra? ¿qué somos débiles? ¿Qué todo tiene un límite? ¿Qué todo tiene un precio? Yo creo que no. Al fin y al cabo, siempre se consideró un pecador. Su testimonio habla de la radical vulnerabilidad de la que estamos hechos. ¡Qué el también fue débil! Para ese viaje no hacía falta alforjas. Me preocupa más el que lo entendieran mejor que nosotros.
_Pero, ¡venga ya, hombre! Pero que a un hombre se le pueda cambiar de alma o de cerebro, pero,...pero ¡dónde está ese Dios tuyo, entonces! ¡Pero, qué estás haciendo ese "tío" con nosotros!
_No lo sé, la verdad. Pero no ha estado escrito nunca en ninguna parte, que vivir contra Dios o de espaldas a DIos o alejándose cada vez más de Dios no fuera posible. Real, física y horriblemente posible. Horror y vulnerabilidad, ¡jo, qué descubrimiento!...
_¡Sí, ya... para ese viaje...! Pero nos salvaron los aliados.
_Sí, pero llegaron tarde, mal y nunca para todos. ¡O es que no te acuerdas!
_Sí, pero él, mientras , machacándonos. Y El, mientras, haciendo gala de su misteriosa permisividad...
_...Y nosotros recordando...
_ ...Que es lo nuestro..., ¡verdad!
_Si, pero a ellos ni se les oye...
_¡Cómo que no se les oye! ¡Tan sobrados estamos ahora de justicia, felicidad bienestar y vida... o es un anuncio!
_No es eso, es que...
_¡Tío, lo tuyo es grave! ¡Tanta necesidad tienes de creer! ¡Tanta necesidad tienes de ella! ¿No es suficiente con ver, oir y callar? ¿Qué necesidad tienes? ..Yo ya tomé, en su día, la decisión de no tener ninguna necesidad.
_ No si te entiendo, pero no es que necesite creer, creo. Es, más bien, como una manera de hablar. No puedo hacerlo sin que lo haga de mis necesidades y hablando hablando, hablando-creo. Como si la fe fuera el ojo del huracán de la desesperación. Pero, si creo, creyendo creyendo, de nuestras necesidades hablo y, entonces, es la desesperación la pupila de la esperanza.
_¡Mande! Tú estás chiflado, no se te ocurra ir por ahí diciendo... Aunque, ¡quién pudiera decir, después de tantos años, una palabrita pequeña de verdad, con su significado bien sazonado, en un tono cariñoso, con paladar tibio y dulzura en los labios...
_...¡Tengo hambre de Dios!...
_¡¡No obstante, estos últimos años han sido los mejores de nuestra vida!! -dicen los dos.
_Perdona lo de chiflado. Hay cosas que todavía me duelen mucho, un dolor que no se me acaba nunca.
_A mi me pasa lo mismo.
_Pero es que cuanto más siento, menos siento que sea mío y más de Otro -dicen los dos.
_A veces, creo ver con los ojos de un alma que ya no me pertenece. Y siento que si con el filo de la uña pudiera rasgar el quemar de fuego, o el mojar del agua, podría verlo y saber dónde estoy. Y entonces la sombra de San Francisco lo cubre todo y me indica y me despierta a la piedra, al sol, a la gente y a las cosas...Fue su sombra la que cubrió el campo, y de la misma manera que el velo del templo se rasgó con su último suspiro. No lo comprendes, ni yo tampoco. Pero...
_Pero si sé que el doble cuerno de la razón y de la sin razón de la historia, nos ha embestido con enconada predilección.
_...Pero sólo la promesa, escrita por hombres y puesta en boca de DIos, es para todos, a su tiempo y completr. ... Sin embargo, una promesa es una promesa, pero la acción de los hombres es la acción de los hombres. Maldición es tener que confiar en ellos.
_ Tu Francisco dijo, no lo olvides, que estar sujetos a toda criatura de Dios es el camino. Yo también me lo sé, son muchos años oyéndote.
_¡En fin!, lo nuestro es criar malvas, ¡fíjate que hermosura! No reparan en gastos, ni en desvelos. Cada día nos vienen con nutrientes diferentes, siempre probando, y con excelentes resultados.... ¡¡Oh, sííí!! ¡¡Es una eterna primavera!! -dicen los dos
_Sabes, me muero de esperanza.
_Y yo de desesperanza.


Se abrazaron profundamente. Los del siglo seguían viviendo de ilusiones.